Cuándo recurrir a la terapia de parejas.

Quizá, las dificultades individuales se trasladen con mucha facilidad a la vida con nuestra pareja. Este hecho constituye una novedad en nuestra relación, una dificultad. Ahora somos tres: la vida del uno, la vida del otro y la vida que tenemos en común.

Aprender a crear un proyecto en común no es fácil. Alimentarlo cada día con las mejores expectativas, tampoco. La importancia de este compromiso y de luchar de una forma eficaz contra los problemas, es uno de los componentes con más fuerza a la hora de mantener el objetivo de una relación feliz y duradera.

En nuestra consulta de Algeciras, abordamos los problemas de pareja considerando los siguientes aspectos:

Comunicación en la pareja

No son pocas las veces en que las relaciones de pareja se convierten en un campo de batalla en el que cada parte lucha por reivindicar su punto de vista. Posiblemente, los dos os sintáis atascados, impotentes, incapaces de comunicaros con el otro, y esto genera un tremendo desgaste, tanto en la pareja como a nivel personal.

“ En las relaciones de pareja, con el amor no basta. Sin entendimiento, sin capacidad de resolver conflictos, en definitiva, sin una buena comunicación, hasta el amor más fuerte puede terminar rompiéndose. ”

Es importante reconocer, por lo tanto, el potencial destructivo que tienen las discusiones y peleas, pues si no se les pone freno pueden terminar con la relación o hacer que la vida en común sea una auténtica tortura.

Desde mi experiencia profesional, estas son las cinco habilidades que han llevado a las parejas a dar un giro de 180º a su nivel de comunicación:                           

  - Encontrar tiempo.                               

  - Escuchar con atención.

  - Estar en contacto con los sentimientos. 

  - Aceptar sin juzgar.

  - Acompañar en la comunicación.

Es posible aprender estas cinco habilidades, cuya práctica contribuirá a mejorar la comunicación en la pareja, a enriquecerla, y nos permitirá conocer y comprender mejor al otro cada día que pasa.


Celos

Lo estoy pasando fatal. No puedo dejar de sospechar que hay otra persona en la vida de mi pareja. Me atormenta pensar que estoy en lo cierto y no puedo demostrarlo. Registro sus bolsillos y agendas, busco en su móvil y rastreo en su ordenador, pero no encuentro pruebas de su infidelidad, y esto me tortura más aún, porque no puedo ponerles rostro, nombre ni edad a mis fantasías.

Éste sería el pensamiento típico de una persona que sufre celos.

La celotipia incluye una intensa emoción negativa que surge como consecuencia de un exagerado afán por poseer algo de forma exclusiva. Los celos más comunes son los que se dan en la relación de pareja. En estos casos, al exagerado afán de posesión se suma la exigencia de fidelidad y el miedo al desprestigio social que puede surgir de una infidelidad. A la emoción de los celos se suele unir una conducta de espionaje y de vigilancia de la pareja; al fin y al cabo, celar no significa otra cosa que vigilar, estar alerta. Así, la persona celosa registra los bolsillos, la agenda, el móvil y los emails buscando pruebas de la infidelidad de su pareja, pero sin éxito. Por su parte, la pareja se siente acosada, vigilada e interrogada sin motivos.

“ La persona que sufre de celos no puede dejar de sospechar que hay otra persona en la vida de su pareja. Le atormenta pensar que está en lo cierto y, sin embargo, no puede demostrarlo. ”

Los celos son fruto de la desconfianza y, a menudo, esta desconfianza está más dirigida hacia uno mismo que hacia el otro. La persona celosa desconfía de no tener el atractivo suficiente para que su pareja elija permanecer a su lado sin sentir el deseo de abandonarle por alguien más guapa/a, más divertido/a, más interesante. En definitiva, la persona celosa se cree poco importante para su pareja. El origen de esta desconfianza hacia uno mismo debemos buscarlo en la inseguridad y en la falta de autoestima.  Al contrario de lo que pueda parecer, la pérdida de autoestima no es producto de los celos, sino que es exactamente al revés: los celos surgen por la existencia de una baja autoestima.

“ Esta relación entre autoestima - inseguridad y los celos es directamente proporcional, de forma que, cuanto más baja sea la autoestima mayor será la intensidad de los celos. ”

No hay que obviar que hasta la persona más madura y sensata puede vivir un periodo de celos. Si esto ocurre, debe saber que tiene que trabajar los aspectos de su personalidad en los que se sienta inseguro. Pero los celos que son verdaderamente conflictivos, los celos patológicos, no son temporales; muy al contrario, se mantienen en el tiempo, ocasionando un fuerte sufrimiento a quien los padece y poniendo en peligro la relación. En estos casos, la herida en la autoestima es muy profunda y se requiere ayuda psicológica para salir del círculo obsesivo.


Infidelidad

Uno de los últimos estudios que ha realizado el CIS sobre la infidelidad afirma que el 73 % de los españoles considera básica la fidelidad sexual para la duración de la pareja. Sin embargo, la mayoría de las parejas suelen pasar por momentos de crisis en su relación que, en muchos casos, si no se superan, corren el riesgo de caer en la infidelidad. Veamos por tanto en qué consiste y por qué ocurre:

¿Qué es la infidelidad?

La infidelidad se produce cuando una pareja rompe el compromiso de lealtad sentimental contraído. Es una traición a una promesa hecha por la pareja, una promesa de exclusividad, de amar sólo a esa persona. En el momento en que se conoce la infidelidad, se suele pensar que el que traiciona a su pareja es el culpable y el otro la víctima. Sin embargo, lo más prudente sería pensar que la infidelidad del otro es el síntoma de que hay algo que falla en la pareja y que, por lo tanto, es un fallo de ambos en mayor o menor medida.

¿Por qué se produce una infidelidad?

La clave de la infidelidad consiste en buscar fuera aquello que no está en casa, algo de lo que ambos miembros de la pareja carecen en su relación. Tradicionalmente, lo que ha llevado a los hombres a la infidelidad ha sido la búsqueda de nuevas emociones, de una mayor variedad de estímulos, de experimentación de situaciones diferentes, etc. Las mujeres, en cambio, se han movido más hacia la infidelidad por un problema de soledad y aburrimiento, de falta de comunicación y de sentirse menospreciada en su relación habitual de pareja. Estos estereotipos sexuales tienden, sin embargo, a romperse en parejas más jóvenes en donde no hay diferencias tan nítidas entre los comportamientos del hombre y la mujer. Veamos ahora cuáles son las causas más frecuentes de infidelidad:

  1. La soledades uno de los factores más frecuentes que provoca la entrada de un tercero en la pareja. Uno de los dos miembros de la pareja se siente solo en compañía y busca de forma consciente o inconsciente otra persona que llene ese vacío.
  2. La rutina: hacer siempre lo mismo, sin diferencias, sin sorpresas ni ingredientes nuevos... llega a cansar y agota la relación de pareja. En ese momento, uno de los dos se lanza a buscar fuera de su relación nuevos alicientes. Y los suele encontrar en los lugares más comunes: el gimnasio, el trabajo, los amigos, en el supermercado o en las tiendas del barrio.
  3. La necesidad de afecto. La pareja necesita afecto para sobrevivir y mantenerse. Con el tiempo, se pierde el hábito de dar y cada vez cuesta más mostrar cariño a la otra persona. Escasean las manifestaciones de afecto y el esfuerzo para dar un beso o un abrazo es cada vez mayor e, incluso, puede llegar a desaparecer. Erróneamente pensamos que el sentimiento de posesión y de cotidianeidad no hace necesario mostrar afecto a la pareja y la relación se vuelve fría y falta de cariño. En esta situación, no es extraño que uno de los dos miembros busque fuera el afecto perdido.
  4. Relaciones sexuales insatisfactoriaso insuficientes. Cuando la actividad sexual es pobre en calidad y cantidad y, además, esta situación se prolonga en el tiempo, se inicia la búsqueda de nuevos alicientes sexuales fuera de la pareja.
  5. La evolución divergente. Se da sobre todo en parejas que se conocen desde jóvenes y llevan muchos años de relación. Cada uno va madurando de forma independiente: los amigos, las ocupaciones, las aficiones... todo es diferente. La incomunicación va aumentando esas diferencias y llega un momento en que no tienen nada que decirse, que contarse y sus inquietudes e intereses no coinciden. Entonces, se busca fuera una tercera persona que sirva como complemento.


Separación e hijos

Los hijos de padres separados son niños que suelen tener dos, tres, cuatro y, en ocasiones, hasta seis hogares distintos cuando se implican en su cuidado abuelos separados. Lógicamente, lo ideal sería que los padres supieran gestionar su ruptura de tal manera que pudieran neutralizar, en lo posible, el efecto negativo de la separación. Pero lo habitual es que ocurra lo contrario y que los hijos acusen las tensiones inherentes a la ruptura, con lo que, al problema de la disgregación, familiar, suele añadirse el de la rivalidad de los padres para ganarse el favor de los hijos.

Por eso, los hijos de padres separados, además de sufrir los efectos de la ruptura de la unidad familiar, suele tener el problema añadido de crecer entre distintos modelos educativos, donde compiten por exigirle poco y obsequiarle con numerosos regalos innecesarios, lo cual repercute en un relajamiento excesivo de las normas educativas.

Sin embargo, tener dos hogares no es incompatible con mantener las normas educativas propias de la edad del niño, ni ha de suponer necesariamente falta de control de los padres sobre el comportamiento de los hijos. Cuando los padres se separan suele ser habitual que los hijos repartan su tiempo entre distintos hogares, pero ello no significa que dejen de recibir los mensajes adecuados para su educación y una suficiente demostración de afecto que evite, por un lado, la sobreprotección, y por otro, el déficit afectivo.

Es evidente que las parejas afectadas por una separación o un divorcio no están en las mejores condiciones para garantizar la estabilidad de sus hijos y, en esos momentos, no saben cómo actuar con ellos.

Incluso en los casos en los que los padres separados intentan gestionar la situación lo mejor que pueden y procuran no culpabilizar el uno al otro del sufrimiento que observan en sus hijos, pero no consiguen controlar que el modelo educativo que hasta entonces les habían transmitido se vaya transformando en uno cada vez más permisivo en una edad en la que los hijos necesitan relacionar los esfuerzos con las recompensas para poder desarrollar una escala de valores adulta.

En ocasiones, la ayuda de una terapia familiar adecuada puede contribuir a que los padres separados entiendan que la mejor forma de querer no es la más permisiva, sino la que facilita una adecuada evolución de los niños hacia la madurez.

El amor, el compromiso, la intimidad, las responsabilidades, la comunicación, son elementos que forman parte, cuando entran en conflicto, de la crisis o ruptura de la pareja. La posibilidad de que estos problemas se resuelvan, pasa por tener claras las expectativas que hemos creado en común.