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Personalidad y Trastornos de Personalidad

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Definimos la personalidad como un patrón de pensamientos, sentimientos y conductas característicos que distingue a las personas entre sí, y que persiste a través del tiempo y de las situaciones (Phares, 1988).

Según Millon y Escobar (1996), una personalidad normal implica mostrar cierta capacidad para afrontar el ambiente de un modo flexible, y percibir y mostrar conductas típicas que fomenten el aumento de la satisfacción personal. Así pues, por ejemplo, las personas tendemos a responder de un modo parecido ante una situación difícil, y la mayoría intentaría otra alternativa si la primera respuesta ha sido ineficaz. Por el contrario, las personas con trastorno de personalidad son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad de análisis y reacción, y les hace propensas a tener problemas en sus relaciones sociales (trabajo, familia, pareja).

Las personas con trastorno de personalidad son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, y les hace propensas a tener problemas en sus relaciones sociales (trabajo, familia, pareja)."

¿Qué es un Trastorno de Personalidad?

El DSM-IV-TR (APA, 2000) considera que los rasgos de personalidad son patrones persistentes de percibir, relacionarse con, y pensar sobre el entorno y sobre uno mismo, que se manifiestan en una amplia gama de contextos sociales y personales, y que solo cuando esos rasgos son inflexibles y desadaptativos causan un malestar subjetivo o un deterioro funcional significativos, pueden considerarse como trastornos de personalidad.

"La característica esencial de un trastorno de personalidad es un patrón permanente de conducta y experiencia interna que se desvía notablemente de las expectativas generadas por la cultura del sujeto y que se manifiestan en áreas como en cognición, afectividad, funcionamiento interno y control de los impulsos”. 

En cuanto a la clasificación de los trastornos de personalidad, se ha sugerido la siguiente (Belloch et al. 2002):

GRUPO A: Sujetos extraños y extravagantes.

Los pacientes con trastornos de la personalidad de este grupo comparten algunos de los síntomas de la esquizofrenia, aunque con una gravedad significativamente inferior. No obstante, en circunstancias de estrés agudo podrían llegar a sufrir una crisis esquizofrénica, aunque mucho más breve, con menor número de síntomas y de menor gravedad que en la esquizofrenia.

Estas personas presentan un déficit en el reconocimiento y en la expresión de emociones y de comunicación, por lo que su mayor fuente de problemas son los contextos sociales y, por ello, tienden a aislarse socialmente. Suelen mostrar el denominado desapego social, y presentan excentricidad en su pensamiento y su conducta.


GRUPO B. Sujetos inmaduros, dramáticos e impulsivos.

Los pacientes con este trastorno de personalidad se caracterizan por una excesiva emotividad, y por inestabilidad y variabilidad emocionales. Tienden a la exageración, y presentan escasa habilidad para controlar los impulsos y para empatizar con los demás. Lo más llamativo de estas personas es la manifestación de un profundo egoísmo y egocentrismo en su comportamiento, que les lleva a ignorar y despreciar los intereses, derechos y necesidades de los demás.

La vida de estas personas se caracteriza por períodos intensos en cuanto a la ocurrencia de acontecimientos dramáticos, como rupturas escandalosas, denuncias, intentos de suicidio, etc. Se caracterizan por mostrar rasgos de personalidad tales como alta extraversión, asociada a una gran dificultad de auto-observación y auto-crítica, así como de aprendizaje social.

Son personas inmaduras, infantiles, muy sensibles a los estímulos que les hacen anticipar gratificación o refuerzo, lo que les lleva a manifestar conductas impulsivas dirigidas a la obtención de dichas recompensas, y a mostrar sentimientos de frustración si no las obtienen.


GRUPO C. Sujetos ansiosos y temerosos.

Estos sujetos comparten alteraciones emocionales  (trastornos ansiosos, depresivos y mixtos) ante las relaciones sociales (los evitadores), la separación de personas significativas (dependientes) y la pérdida de control (obsesivo-compulsivo), de modo que tales características les sitúan en una posición de constante vulnerabilidad a desarrollar trastornos emocionales (ansiedad, depresión, fobia, distimia, etc.).

Estos pacientes se caracterizan por presentar un alto grado de Neuroticismo (Millon, Eysenck), así como por un miedo patológico a fracasar, a hacer el ridículo, afrontar novedades y a lanzarse en nuevos proyectos.

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