TLP (personalidad límite) en las relaciones de pareja.

Poder disfrutar de una relación sana de pareja, sin sufrimientos, puede considerarse hoy en día casi un privilegio. Los conflictos e inseguridades, los problemas de celos y desconfianza, o el desamor son aspectos comunes que NO indican necesariamente la presencia de patología. Sin embargo, para una persona con Trastorno Límite de Personalidad (TLP) mantener una relación de pareja estable y satisfactoria puede convertirse en una tarea muy difícil.

El paciente con TLP suele manifestar dos rasgos muy característicos: impulsividad y déficit en autocontrol emocional. Estos rasgos afectan negativamente en el mantenimiento de relaciones íntimas estables y satisfactorias. Al inicio de una relación, estos rasgos se suelen “justificar” por el enamoramiento, ya que pueden ser interpretados como signos de una pasión exacerbada o por los desajustes inherentes al inicio de una relación. Con el tiempo, la frecuencia e intensidad de la conflictividad va amentando de manera gradual, los conflictos empeoran, creando dificultades para la convivencia y la vida en pareja.


Algunas de las dificultades que se suelen observar en las relaciones de pareja en las que el TLP está presente, serían:


Dependencia, apego inseguro.

Las personas con TLP parecen tener un apego inseguro en sus relaciones afectivas. Su afecto es inestable y alternante entre la dependencia excesiva y la huida. Sienten un intenso malestar ante la separación, y miedo a ser abandonados. La ausencia de contacto constante con su pareja genera mucho sufrimiento y estados de ansiedad, y éstos tienden a ser compensados con conductas desadaptativas, adictivas e incluso autolesivas.


Relaciones apasionadas.

Son relaciones muy románticas, en las que el paciente se entrega con gran pasión e inmediatez. Suele existir un enamoramiento casi obsesivo o pasional, que hace que la otra parte le perciba como a alguien muy especial. Sin embargo, no es difícil que se empiece a observar cierta inestabilidad de ese afecto. Es habitual que la pareja del paciente con TLP se sienta querida intensamente al principio, y despreciada al final de la relación.


Distorsiones cognitivas.

El paciente con personalidad límite presenta numerosas distorsiones cognitivas en sus interacciones sociales, esto es, es especialmente sensible a “malinterpretar, victimizar, personalizar, exagerar, magnificar…” ante un conflicto con otras personas, con interpretaciones muy sesgadas y carentes de objetividad. En esas situaciones, la persona con TLP elabora una realidad en términos dicotómicos, en todo o nada, o bueno o malo. En la relación de pareja, oscilan situándose en los extremos afectivos, bien idealizando bien demonizando al otro, e incluso a la propia relación de pareja.


Conflictividad.

El paciente límite parece tolerar y estar acostumbrado a vivir en conflicto. A veces el detonante puede ser una nimiedad, que dispara la reacción hostil. La pareja del paciente, muchas veces sin esperarlo, acaba siendo el objeto en el que el paciente vuelca toda su frustración. Durante el conflicto, se transgreden claramente los límites del respeto. Por ejemplo, la discusión empieza con un reproche “hoy no me has llamado” y terminar en “me estás destrozando la vida”. Posteriormente, tras esa mala experiencia, la persona con TLP es capaz de modificar su estado de ánimo, y recuperar la actitud cariñosa y conciliadora con facilidad. 

El chantaje emocional.

Son habituales las conductas de manipulación para obtener lo que desean (atención, afecto), aunque no las realizan de manera consciente o intencionada, sino que más bien responde a una manera desadaptativa de conseguir el afecto y atención del otro, a partir de chantajes emocionales, quejas infantiles, o la propia victimización.  


Sentimiento de incomprensión. 

Los pacientes con TLP suelen manifestar con cierta frecuencia el sentimiento de incomprensión, “es que tú no me entiendes”, y en muchas ocasiones llevan razón, porque es complicado entender sus cambios de humor, sus necesidades e inseguridades y su tenacidad cuando defienden sus posturas. En las relaciones, provocan déficit en la comunicación y el distanciamiento de su pareja.


Locus externo.

A las personas con TLP se les da bien desentenderse de su responsabilidad afectiva, esto es, tienden a explicar sus problemas o dificultades en base a factores externos. Suelen considerar que la culpa es de los demás o de las circunstancias, y acusan a su pareja de ser egoísta durante un conflicto, y de no ser empática, de no entenderle. Incluso llegan a acusar a su pareja de maltratarle, defendiendo sus argumentos con gran vehemencia.


La sensación de vacío.

Los pacientes con personalidad límite suelen manifestar una identidad frágil, que llega a fragmentarse ante situaciones de estrés. Tienen un concepto indefinido de sí mismos, cambiante y sesgado, y ello les genera una sensación de vacío. Este vacío se manifiesta, en las relaciones afectivas, a través de la necesidad afectiva, la tendencia a la codependencia, inestabilidad afectiva y ansiedad de separación.


Baja tolerancia a la frustración y a la rutina.

A pesar de desear mantener relaciones afectivas satisfactorias y duraderas, a menudo parecen (auto)sabotear la estabilidad de estas relaciones. Manifiestan baja tolerancia a la frustración, y toleran muy mal también la cotidianidad. Los pacientes con personalidad límite, se desmotivan ante la presencia de la menor dificultad para la consecución de sus metas, toleran muy mal los inconvenientes de la vida cotidiana y tienden a desmotivarse y a desistir ante la rutina. Las dificultades para regular sus emociones y la impulsividad provocan su constante cambio de actitudes, intereses e incluso metas vitales.

 

NOTA: Estos síntomas carecen de valor diagnóstico sin supervisión de un especialista, simplemente se trata de explicar de manera no exhaustiva algunas manifestaciones que los psicólogos encontramos en consulta. Además, esta muestra de actitudes y comportamientos no son observables en todos los pacientes, ni influyen de la misma manera en sus relaciones de pareja.