El interés por los problemas maritales y de pareja ha crecido en las últimas décadas. Esto es debido a que los problemas de pareja tienen un fuerte impacto en sus miembros, y en las familias.

Estos problemas se consideraban tradicionalmente íntimos a los hogares y se entendía que cada cual debía “aguantar” todo lo que le “tocara dentro del matrimonio, sin plantearse la posibilidad de cambiar aquellos aspectos conflictivos de la pareja y, menos aún, el divorcio.

La familia tradicional ha ocultado grandes problemas y sufrimientos, llegando en demasiados casos a verdaderas tragedias en el ámbito privado. Se ha producido un cambio de un matrimonio tradicional jerárquico a un matrimonio de compañerismo. Hemos pasado de un matrimonio basado en roles conyugales y deberes no negociables y prefijados donde cada uno de los miembros debía cumplir las obligaciones que le correspondían según su papel, a un matrimonio basado en la elección libre y voluntaria de la pareja y sus roles.

El divorcio ha ido en aumento en las últimas décadas, reflejo por un lado de la insatisfacción manifiesta de sus miembros, y por otro, del cambio de mentalidad que ahora permite deshacer aquello que no funciona y que no parece reparable.

Diversos estudios señalan que el porcentaje de matrimonios que se separan durante los tres primeros años de vida en pareja es del 40%. Los datos disponibles señalan a la ruptura de pareja como una de las experiencias más negativas que puede experimentar una persona. El divorcio es un proceso que puede afectar tanto o más que la muerte de un familiar querido. Afecta a las relaciones con las familias de origen y las familias políticas, a las relaciones sociales, a la economía familiar, y al desarrollo de los hijos cuando los hay.

Se ha encontrado una correlación positiva entre la ruptura de una pareja y la aparición de trastornos físicos y emocionales.

Las investigaciones sostienen que el matrimonio o la pareja estable es una forma de vida beneficiosa para la salud psicológica y física de las personas (siempre que sea armoniosa). En este sentido, los datos estadísticos han señalado que las personas casadas viven más y con una mejor calidad de vida, siempre y cuando no se den conflictos importantes en la convivencia. Como decíamos, los conflictos suelen provocar insatisfacción marital y la consecuente inestabilidad de la pareja y de sus miembros.

Gottman y silver (2004), tras una serie de estudios de laboratorio en los que observaban a parejas, aportan un conjunto de “señales” que indican que una pareja no va bien, y corren el riesgo de ruptura/divorcio. Suelen estar asociadas a las discusiones y sus formas:

  • Primera señal: Planteamiento violento. Iniciar y mantener una discusión basada en acusaciones, sarcasmos y todas aquellas características de una conducta agresiva (en cuanto a asertividad), con mensajes “tú”, con ironías y comentarios generalizados, daña los sentimientos del otro más que le hace ver el punto de vista de uno de forma eficaz y respetuosa.

  • Segunda señal: Los cuatro jinetes. Si la discusión continúa, varios tipos de comportamientos adquieren gran relevancia y tienen importantes repercusiones. Gottman llama a estos comportamientos “los cuatro jinetes del Apocalipsis”, como símbolo de una futura muerte anunciada de la relación de pareja: críticas, desdén, actitud defensiva y actitud evasiva.

Primer jinete: las críticas. Gottman diferencia entre queja y crítica, entendiendo la primera como se suele entender una crítica constructiva dentro de la asertividad; y la segunda, como la crítica destructiva que se formula en segunda persona, con generalizaciones y etiquetas, con tonos y palabras despectivas, con culpas.

Segundo jinete: el desprecio. El sarcasmo y el escepticismo en una crítica son formas de desprecio. Cuando al hacer una crítica el miembro que la recibe intenta buscar opciones, y el primero responde a ello con escepticismo y sarcasmos, de nuevo se producen sentimientos negativos de frustración, ofensa y falta de respeto.

Tercer jinete: la actitud defensiva. Cuando uno toma la actitud defensiva no le acerca a encontrar la solución con la pareja. Por el contrario, lo que suele ocurrir es que el otro miembro se sienta más culpabilizado y siente que su pareja no asuma su parte de responsabilidad en el conflicto.

Cuarto jinete: la actitud evasiva. Cuando un miembro de la pareja necesita plantear una queja al otro y éste actúa con evasivas, indiferencia y alejándose o viendo la TV sin mostrar atención, esto solo hace incrementar la rabia del primero, que no solo se siente molesto por el motivo de la crítica que estaba planteando, sino herido por la falta de consideración de su pareja, que ni siquiera le escucha.

  • Tercera señal: sentirse abrumado. Los comportamientos negativos en las discusiones hacen que el receptor se sienta abrumado por las críticas, de modo que se sensibilizará a ellas y tratará de defenderse o evitarlas a toda costa a través de, por ejemplo, la evasión como hemos dicho antes. Si uno se siente abrumado por las acusaciones, ofensas y sarcasmos del otro, tratará de evitar nuevos ataques, entrando en un círculo vicioso: primero, uno hace una crítica de forma inadecuada, exaltado y con sarcasmos, ironías, generalizando… el otro, se siente abrumado y trata de huir de la situación, evadiéndose, lo que aumenta los sentimientos negativos del primero, por lo que su actitud se vuelve más negativa, haciendo que el otro se evada aún más.

  • Cuarta señal: el lenguaje del cuerpo. La persona que se siente tensa o abrumada en una discusión lo muestra aún en silencio, ya que la comunicación no verbal es esencial en todas las relaciones. Todos los aspectos de comunicación no verbal son relevantes y, aun teniendo palabras aparentemente “amables” estas pueden ser pronunciadas de un modo muy dañino a través de su cuerpo, tono y volumen de la voz.

  • Quinta señal: intentos de desagravio fracasados. Los intentos de desagravio son los intentos que un miembro de la pareja hace durante una discusión para solventar el conflicto, pararlo, calmar al otro y dar opciones, bien aceptando la crítica y/o proponiendo un compromiso de solución. Expresiones de intento de desagravio pueden ser: está bien, espera un poco, necesito calmarme, veremos qué podemos hacer; es posible que me haya equivocado y quiero arreglarlo, pero pongamos los dos de nuestra parte; vamos a sentarnos juntos, más tranquilos y lo hablamos con calma, etc.

  • Sexta señal: malos recuerdos. Las parejas armoniosas suelen recordar los momentos buenos y bonitos vividos en el pasado. En cambio, los miembros de parejas conflictivas suelen recordar las cosas negativas y hasta tienden de teñir de negatividad los momentos supuestamente felices (cuando se conocieron, el noviazgo, la boda, etc.) culpando al otro de ello.