El enfado es una respuesta natural a las situaciones en las cuales nos sentimos amenazados, creemos que estamos en riesgo de sufrir daños, o pensamos que otra persona nos ha causado un daño innecesariamente. Abarca desde la irritación leve hasta la furia y rabia intensas. También podemos enfadarnos cuando sentimos que otra persona, como un niño o alguien cercano a nosotros está siendo amenazado o está sufriendo un daño. Además, el enfado puede ser resultado de la frustración cuando nuestras necesidades no están siendo satisfechas y nuestros deseos y metas no se están cumpliendo. 

El enfado es una emoción y no conduce necesariamente a la agresión. Por lo tanto, una persona puede enfadarse sin llegar a actuar de manera agresiva.

Cuando nos enfadamos podemos perder la paciencia y actuar de manera impulsiva, agresiva o violenta.

Muchas personas confunden con frecuencia el enfado con la agresión. La agresión es una conducta dirigida a causar daño a otra persona o a una propiedad. Esta conducta puede incluir abuso verbal, amenazas o acciones violentas. El enfado, sin embargo, es una emoción y no conduce necesariamente a la agresión. Por lo tanto, una persona puede enfadarse sin llegar a actuar de manera agresiva.


¿Cuándo se convierte el enfado en un problema?

El enfado se convierte en un problema cuando ese enojo se siente con demasiada intensidad, con demasiada frecuencia o se expresa de manera inapropiada, como ocurre en ciertos tipos de personalidad Anancástica o perfeccionista. El sentirse enfadado intensa o frecuentemente causa extremado estrés físico en el cuerpo. Durante episodios prolongados y frecuentes de enfado, ciertas áreas del sistema nervioso se activan intensamente.

Como consecuencia, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumentan y se mantienen elevados por períodos prolongados. Este estrés en el cuerpo puede ocasionar muchos problemas de salud, tales como la hipertensión, las cardiopatías y una disminución en la eficiencia del sistema inmunológico. Por tanto, desde el punto de vista de la salud, el interés en evitar las enfermedades físicas puede convertirse en una motivación para controlar el enfado.

Este estrés en el cuerpo puede ocasionar muchos problemas de salud, tales como la hipertensión, las cardiopatías y una disminución en la eficiencia del sistema inmunológico.

 

Señales del enfado.

Fases del enfado o la ira.

Un episodio de enfado consta de tres fases: intensificación, explosión y postexplosión, y todas juntas constituyen el ciclo de agresión.

En este proceso, la fase de la intensificación se caracteriza por la presencia de señales que indican que el enfado se está iniciando. Las señales pueden ser fisiológicas, conductuales, emocionales o cognitivas (pensamientos). Recordemos que las señales son advertencias o respuestas a situaciones que provocan el enfado, mientras que los eventos son situaciones que ocurren todos los días y que pueden causar intensificación del enojo si no se usan estrategias para controlarlo. Los eventos que se consideran como “alertas de peligro” son los tipos de situaciones que son únicas para nosotros y a las que somos especialmente sensibles porque se relacionan con eventos de nuestra historia personal. Estos acontecimientos pueden implicar procesos internos (como el pensar en situaciones que provocaban enfado en el pasado) o procesos externos (como experimentar situaciones de la vida real que provocan malestar aquí y ahora). Si se permite que la fase de intensificación continúe, la fase de explosión vendrá a continuación.

La fase de explosión se caracteriza por una descarga descontrolada del enfado que se manifiesta como agresión física o verbal. Esta descarga, a su vez, lleva a consecuencias negativas.

La fase final del ciclo de agresión es la postexplosión y se caracteriza por las consecuencias negativas que resultan de la agresión física o verbal desplegada durante la fase de explosión.

Estas consecuencias pueden incluir el ser denunciado, ser despedido de un trabajo o expulsado de un tratamiento de drogas o de un programa de servicio social, perder a familiares u otros seres queridos y tener sentimientos de culpa, vergüenza y arrepentimiento.